Platón: El mito de la caverna.

Platón: República. Libro VII, 514a – 520a. Eggers Lan, C. (tr.) Madrid: Editorial Gredos, 1986.

Antes de empezar un vídeo muy ilustrativo recomendado por paco.PRoFeBLoG:

1. Descripción de la caverna

Después de eso -proseguí- compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

– Me lo imagino.

– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.

– Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

– Pero como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?

– Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

– ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?

– Indudablemente.

– Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?

– Necesariamente.

– Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?

– ¡Por Zeus que sí!

– ¿Y que los prisioneros no tendrán por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?

– Es de toda necesidad.

 

Puede interpretarse que la alegoría de la caverna simboliza el mundo sensible, aparente y engañoso, o la ciudad ateniense, dominada por la retórica sofista, o, trasladándola a hoy día podemos pensar que la caverna es la televisión, apariencia y engaño. Piensa en esos programas del corazón donde todo es falso, un simulacro: los gritos, las lágrimas, los hechos, los cuerpos retocados por la cirugía estética… O piensa en Matrix (Wachowski, 1999)

 

2. Liberación de un prisionero: “ojos llenos de fulgores”

 

– Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y, al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?

– Mucho más verdaderas.

– Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?

– Así es.

–  Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?

Por cierto, al menos inmediatamente.

 

¿Qué ocurriría si alguien fuese liberado y forzado a salir de la caverna? Se “encadilaría” y no sería capaz ya de percibir las sombras. Seguiría convencido de que las sombras que antes veía eran más reales y verdaderas que lo que ahora ve. Tendría los “ojos llenos de fulgores” y no soportaría fácilmente la nueva realidad a la que es enfrentado. Según Jaeger el proceso de salida de la caverna o ascensión al mundo de las Ideas implica un proceso de “conversión” cuasi-religioso que es muy compatible con la consideración de la Idea del Bien como Divinidad. Existe cierto parecido entre lo que Platón cuenta en este párrafo y los problemas de Neo en Matrix para aprender a usar sus ojos o la ceguera de San Pablo cuando, cegado por la luz de Dios, cae del caballo.

 

Fotograma de The Matrix (1999): una ilustración contemporánea de la caverna de Platón

3. De las sombras a la luz

 

– Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.

– Sin duda.

– Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.

– Necesariamente.

– Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.

 

Examinemos ahora el pasaje de la caverna. En él se describen seis estados sucesivos del hombre “con respecto a la educación y a la falta de ella”:

  1. Un grupo de hombres está prisionero en una caverna subterránea, con las cabezas sujetas de tal modo que sólo pueden mirar a la pared del fondo de la cueva. A espaldas de los prisioneros un muro cruza la cueva. Por detrás de este muro pasan unos hombres transportando toda suerte de vasijas y estatuas que sobrepasan la altura de la pared. Detrás de estos últimos hay un fuego. Como Ios prisioneros sólo pueden ver sus propias sombras, las de sus compañeros y las de las cosas transportadas por detrás de la pared, entenderán que éstas son las únicas realidades que hay. Este estado se corresponde con el grado más bajo de la opinión, la conjetura, es decir, los mitos y religiones.
  2. Los prisioneros son liberados y obligados a volver sus cabezas hacia elfuego y los objetos transportados, pero no los pueden ver con claridad por causa del deslumbra-miento. Este otro nivel se corresponde con el grado superior de la opinión, la creencia, que se corresponde con la física de los presocráticos.
  3. Son llevados a la fuerza al aire libre, pero no pueden soportar la luz del sol, ni ver ninguno de los objetos naturales de su alrededor. Por eso, miran primero las sombras y reflejos de esos objetos . Este nivel se corresponde con el primer nivel de la ciencia, el estudio de los objetos matemáticos.
  4. los objetos mismos , las estrellas y la luna, hacen referencia al nivel superior de la ciencia, la dialéctica, el conocimiento de las Ideas.
  5. el sol. “Y después de esto, colegirían ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían” . Este es el conocimiento de la Idea Suprema, la Idea del Bien.

Pasaje de la línea y alegoría del sol aplicados al mito de la caverna.

4. La caverna vista desde la sabiduría.

– Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

– Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?

– Por cierto.

– Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese [516 d] capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y “preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre” o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?

– Así creo también yo, que padecería cualquier cosa [516 e] antes que soportar aquella vida.

El filósofo, una vez que ha alcanzado el conocimiento de las Ideas, se compadecería de los que todavía siguen en la caverna y contemplaría con escepticismo todos los “honores y elogios” que dentro de la caverna se tributan unos a otros según sepan adivinar qué sombras siguen a qué otras. Podemos ver en estos “aventajados” de la caverna a los políticos de la época de Platón, educados en la retórica sofística y expertos en el arte de la mentira y la manipulación, en el arte de hacer pasar como realidad lo que no son más que sombras o patrañas. Trasladando a hoy día la metáfora de Platón podemos ver en estos falsos sabios a los adictos al televisor, expertos en los montajes de la prensa rosa o en la más rabiosa actualidad de los equipos de fútbol. El filósofo preferiría morir antes que volver a tener que sufrir una vida semejante.

5. Peligros del retorno a la caverna

– Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?

– Sin duda.

– Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese [517 a] estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

– Seguramente.

Si el filósofo regresase a la caverna ya no sería capaz de ver en la oscuridad, no sería capaz de desenvolverse en el mundo de las sombras donde lo que importa no es la verdad sino la mentira. Si intentase acostumbrarse de nuevo a las tinieblas terminaría por hacer el ridículo y considerarían que se ha estropeado los ojos con esa locura de las Ideas, que no merece la pena el camino hacia arriba del conocimiento. Si al filósofo se le ocurriese desatarlos y conducirlos hacia la luz lo matarían. Platón piensa en el caso de Sócrates pero no cabe duda de que en la historia abundan los ejemplos: Cristo, Gandhi… ¿No tiene, pues, salvación la ciudad? La alegoría de la caverna no lo dice, pero parece dar a entender lo siguiente: solamente si todos son liberados de las cadenas de la oscuridad y encaminados hacia la luz – aunque no lleguen a ella, pero sospechen de su existencia ­ podrán aceptar las enseñanzas y el gobierno de los filósofos. Todos deben ser educados – hasta donde puedan- , si se quiere que la ciudad de las sombras se convierta en la ciudad de la luz.

6. Interpretación platónica de la alegoría: mundo visible-mundo inteligible.

– Pues bien querido Glaucón, debemos aplicar [517 b] íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que [517 c] dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.

– Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

Platón da las claves para interpretar la alegoría de la caverna y nos remite a lo que ha dicho anteriormente. Platón puede estarse refiriendo a la alegoría del Sol en la que compara la Idea del Bien con dicho astro y al famoso pasaje de la línea. En él Platón describe los grados del conocimiento en relación con los grados del ser, representándolos sobre una línea cortada en segmentos (de tal manera que permita establecer proporciones geométricas):

Niveles del conocimiento (http://ventanasyretazos.blogspot.com/)

Mundo visible (génesis, devenir, cambio) Mundo inteligible (ousía, sustancia, ser)
Imágenes Cosas Objetos matemáticos Ideas
Eikasia-Conjeturas Pistis-Creencias Dianoia-Razón discursiva Nóesis-Inteligencia intuitiva
Mitos, Historia Física Matemáticas Dialéctica
Doxa-Opinión Episteme-Ciencia

Como se ve en este esquema, Platón habla de cuatro grados de conocimiento. “Grado” significa escalón; por tanto, se trata de ir ascendiendo en los conocimientos. Primero, las imágenes del mundo (Eikasia-Conjeturas): quizá la literatura, la historia y las bellas artes. Segundo, el estudio de las cosas naturales (Pistis-Creencias): la física. Luego, el estudio de los astros: la astronomía, es decir, las matemáticas (Dianoia-Razón discursiva). Por fin, el cielo diurno y el sol (que representan el mundo de las Ideas y la Idea del Bien): la dialéctica (Nóesis-Inteligencia intuitiva). La alegoría traza una clara divisoria entre los dos primeros grados (mundo de “abajo”) y los otros dos (mundo de “arriba”). La mayoría de los ciudadanos sólo son capaces de alcanzar los dos primeros grados. Quien consigue pasar al tercero, ya no contempla “cosas”, sino únicamente ideas (ideas o entidades matemáticas); ello le prepara para el último grado de conocimiento: descubrir el mundo de las Ideas, en cuya cumbre está la Idea del Bien. Una vez que conoce lo Bueno, lo Justo, lo Bello… en-sí mismo, se ve ya libre de las falsas ideas (opiniones) que se había hecho sobre todo esto, y se convierte en filósofo (o filósofa). Ya está en disposición de gobernar la ciudad.

Hay que insistir en que Platón distingue dos formas generales de conocimiento: la opinión y la ciencia. No es una novedad: tal distinción se encontraba ya enParménides, por ejemplo. La opinión es el conocimiento sensible de las cosas de este mundo (el mundo visible), mundo de lo que se engendra y del devenir (cambio). La ciencia sólo puede versar acerca del mundo de las Ideas (o mundo inteligible), es decir, acerca del Ser (ousía) eterno e inmutable. La física no fue considerada por Platón como verdadera “ciencia”, pues versa sobre objetos móviles.

Si aplicamos la alegoría del Sol habría que interpretar la alegoría de la caverna del siguiente modo: La caverna es el mundo visible, sensible, aparente y el fuego que crea las sombras tiene un poder similar al del Sol en nuestro mundo de apariencias: su luz nos permite conocer el mundo. El exterior de la caverna es el mundo inteligibleal que accede nuestra alma mediante la razón. La Idea fundamental del mundo inteligible es la Idea del Bien que tiene una función semejante a la que tiene el Sol en el mundo sensible: su luz nos permite conocer el resto de las Ideas. Además el Sol del mundo visible es la causa de los seres y la Idea del Bien da el ser a las demás Ideas. Así, la Idea de Belleza recibe su ser de participar de la Idea del Bien.

Las interpretaciones acerca de la entidad de la Idea de Bien son diversas. Los pensadores griegos anteriores a Platón habían concebido a su principio supremo, ya fuese material o espiritual, como una divinidad. Aunque la filosofía griega con su descubrimiento de la physis es el origen de la ciencia no conviene olvidar también su componente religioso. Especialmente, la Idea del Bien sólo es entendible sobre estetrasfondo teológico.

Otra característica interesante de la Idea del Bien está relacionada con la influencia pitagórica. Llama la atención la relación que existe entre la Idea del Bien y la “medida justa“. El bien es la medida de todas las cosas. La belleza de una estatua se debe a su respeto a una proporción matemática adecuada, la sección áurea.

Sólo quienes alcanzan el conocimiento de la Idea del Bien podrán dirigir su vida en lo privado, la virtud, y en lo público, el gobierno de la polis.

En caso de que queramos aplicar “el pasaje de la línea” a esta interpretación del mito de la caverna quedaría del siguiente modo: Primero, las sombras del fondo de la caverna (EikasiaConjeturas). Segundo, los objetos sólidos de la caverna(PistisCreencias). Luego, las imágenes (de animales, astros, luna, y sol) del mundo exterior, las Ideas matemáticas (Dianoia-Razón discursiva). Por fin, los animales, astros, luna y sol del mundo exterior representan las Ideas superiores objeto de la dialéctica (Nóesis-Inteligencia intuitiva).

7. Negativa de los filósofos a volver a la caverna

– Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes han llegado allí no estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino que sus [517 d] almas aspiran a pasar el tiempo arriba; lo cual es natural, si la alegoría descrita es correcta también en esto.

– Muy natural.

– Tampoco sería extraño que alguien que, de contemplar las cosas divinas, pasara a las humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridículo por ver de modo confuso y, no acostumbrado aún en forma suficiente a las tinieblas circundantes, se viera forzado, en los tribunales o en cualquier otra parte, a disputar sobre sombras de justicia o sobre las figurillas de las cuales hay sombras, y a reñir sobre esto del modo en [517 e] que esto es discutido por quienes jamás han visto la Justicia en sí.

– De ninguna manera sería extraño.

– Pero si alguien tiene sentido común, recuerda que [518 a] los ojos pueden ver confusamente por dos tipos de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la tiniebla, y otro de la tiniebla a la luz; y al considerar que esto es lo que le sucede al alma, en lugar de reírse irracionalmente cuando la ve perturbada e incapacitada de mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es que al salir de una vida luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si, viniendo de una mayor ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el resplandor. Así, en un caso se felicitará de lo que sucede [518 b] y de la vida a que accede; mientras en el otro se apiadará, y, si se quiere reír de ella, su risa será menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende desde la luz.

– Lo que dices es razonable.

Los que han accedido al conocimiento de las Ideas no están dispuestos a descender de nuevo a la caverna, ya no querrán ocuparse de los asuntos humanos. Además, si lo intentasen no harían más que el ridículo pues una vez que se ha adaptado la mirada a las Ideas, por ejemplo a la Idea de Justicia, el mundo de las sombras, de los tribunales humanos es algo totalmente extraño.

La incapacidad práctica de los filósofos. Ya Calicles había advertido a Sócrates en el Gorgias de que la filosofía es algo bueno en la juventud pero que en la madurez es un vicio propio de inútiles. Para rechazar esta tesis Platón recurre a la siguientealegoría: Compara el Estado ateniense con un barco en alta mar dirigido por un capitán alto y fuerte pero sordo y ciego (las masas) que es manipulado por marineros que creen que no hace falta una capacidad o aprendizaje especial para navegar y quieren manejar el timón (los sofistas). Quien realmente conoce el arte de navegar porque lo ha aprendido, el filósofo, es despreciado como un soñador y charlatán. Así el barco se adentra en alta mar, mientras los marineros comen y beben alegremente, y celebran a cualquiera que les ayude a atemorizar al capitán.

Pero no por eso debe inspirar risa el filósofo pues más ridículo es el ignorante que emprende el camino hacia la luz que el sabio que se atreve a volver a la caverna.

8. La educación. Críticas a los sofistas.

– Debemos considerar entonces, si esto es verdad, que la educación no es como la proclaman algunos. Afirman que, cuando la ciencia no está en el alma, [518 c] ellos la ponen, como si se pusiera la vista en ojos ciegos.

– Afirman eso, en efecto.

– Pues bien, el presente argumento indica que en el alma de cada uno hay el poder de aprender y el órgano para ello, y que, así como el ojo no puede volverse hacia la luz y dejar las tinieblas si no gira todo el cuerpo, del mismo modo hay que volverse desde lo que tiene génesis con toda el alma, hasta que llegue a ser capaz de soportar la contemplación de lo que es, y lo más [518 d] luminoso de lo que es, que es lo que llamamos el Bien.¿No es así?

– Sí.

– Por consiguiente, la educación sería el arte de volver este órgano del alma del modo más fácil y eficaz en que puede ser vuelto, mas no como si le infundiera la vista, puesto que ya la posee, sino, en caso de que se lo haya girado incorrectamente y no mire a donde debe, posibilitando la corrección.

La educación tiene un carácter liberador (515c): debe curar del error (función de la ironía socrática) y dirigir hacia la luz (función de la mayéutica). Sólo eso: no pretende infundir el saber (como los sofistas), sino únicamente orientar en la buena dirección, para que uno lo descubra por sí mismo (518c). Pero el proceso de educación es lento: no es posible mostrar directamente el sol al que procede de la caverna.

9. Educación y virtud

– Así parece, en efecto.

– Ciertamente, las otras denominadas ‘excelencias’ del alma parecen estar cerca de las del cuerpo, ya que, [518 e] si no se hallan presentes previamente, pueden después ser implantadas por el hábito y el ejercicio; pero la excelencia del comprender da la impresión de corresponder más bien a algo más divino, que nunca pierde su poder, y que según hacia donde sea dirigida es útil y provechosa, [519 a] o bien inútil y perjudicial, ¿O acaso no te has percatado de que esos que son considerados malvados, aunque en realidad son astutos, poseen un alma que mira penetrantemente y ve con agudeza aquellas cosas a las que se dirige, porque no tiene la vista débil sino que está forzada a servil al mal, de modo que, cuanto más agudamente mira, tanto más mal produce?

– ¡Claro que sí¡

– No obstante, si desde la infancia se trabajara [519 b] podando en tal naturaleza lo que, con su peso plomífero y su afinidad con lo que tiene génesis y adherido por medio de la glotonería, lujuria y placeres de esa índole, inclina hacia abajo la vista del alma; entonces, desembarazada ésta de ese peso, se volvería hacia lo verdadero, y con ese mismo poder en los mismos hombres vería del modo penetrante con que ve las cosas a las cuales está ahora vuelta.

– Es probable.

Se extiende Platón en la crítica a la idea de los sofistas sobre lo que es posible enseñar y, por lo tanto, comerciar con el saber. Argumenta Platón que no ocurre lo mismo con la degeneración del alma que con la del cuerpo. Cuando nuestro cuerpopierde facultades las pierde verdaderamente: si engordamos ya no corremos tan rápido, si no repasamos lo estudiado lo olvidamos todo, pero de todos modos podemos volver a recuperar lo que teníamos mediante la disciplina y el ejercicio. No ocurre lo mismo con nuestra facultad del comprender. Esta, dice Platón, tiene algo de divino pues “nunca pierde su poder”, aunque se oriente hacia el mal. “¿O piensas acaso que los mayores delitos y la más extrema maldad provienen de una naturaleza mediocre, y no de una vigorosa que ha sido corrompida por la nutrición, y que la naturaleza débil es alguna vez causa de grandes bienes o grandes males?” República, VI, 491e. Así, puede comprobarse que los malvados son ciertamente tan inteligentes como los buenos. Por ello se ha de trabajar esa parte racional desde la infancia, liberándola de todo lo relacionado con lo corporal-material y orientándola hacia lo espiritual y divino. Recuérdese que esta es sólo una cara de la moneda puesto que en diálogos posteriores como el Filebo Platón admite que el placer moderado debe incluirse también en lo que es una vida virtuosa.

10. Negativa de los filósofos a volver a la caverna.

– ¿ Y no es también probable, e incluso necesario a partir de lo ya dicho, que ni los hombres sin educación ni experiencia de la verdad puedan gobernar [519 c] adecuadamente alguna vez el Estado, ni tampoco aquellos a los que se permita pasar todo su tiempo en el estudio, los primeros por no tener a la vista en la vida la única meta a que es necesario apuntar al hacer cuanto se hace privada o públicamente, los segundos por no querer actuar, considerándose como si ya en vida estuviesen residiendo en la Isla de los Bienaventurados?

Planteamiento del problema: los que no conocen la Idea del Bien no están preparados para gobernar y los que la conocen desprecian el mundo de la política y sólo desean permanecer dedicados al estudio y la verdad. Considérese que la Idea del Bien ha sido presentada como una divinidad y, por tanto, la contemplación de la misma supone la felicidad absoluta.

11. Obligación de los filósofos a volver a la caverna

– Verdad.

– Por cierto que es una tarea de nosotros, los fundadores de este Estado, la de obligar a los hombres de naturaleza bien dotada a emprender el estudio que hemos dicho antes que era el supremo, contemplar el Bien y llevar a cabo aquel ascenso y, tras haber ascendido [519 d] y contemplado suficientemente, no permitirles lo que ahora se les permite.

– ¿A qué te refieres?

– Quedarse allí y no estar dispuestos a descender junto a aquellos prisioneros, ni participar en sus trabajos y recompensas, sean éstas insignificantes o valiosas.

– Pero entonces -dijo Glaucón- ¿seremos injustos con ellos y les haremos vivir mal cuando pueden hacerlo mejor?

– [519 e] Te olvidas nuevamente, amigo mío, que nuestra ley no atiende a que una sola clase lo pase excepcionalmente bien en el Estado, sino que se las compone para que esto suceda en todo el Estado, armonizándose los ciudadanos por la persuasión o por la fuerza, haciendo que unos a otros se presten los beneficios que cada uno [520 a] sea capaz de prestar a la comunidad. Porque si se forja a tales hombres en el Estado, no es para permitir que cada uno se vuelva para donde le da la gana, sino para utilizarlos para la consolidación del Estado.

– Es verdad; lo había olvidado, en efecto. [Aquí concluye el texto de Platón para la PAU de 2010. El resto es, por tanto, opcional.]

– Observa ahora, Glaucón, que no seremos injustos con los filósofos que han surgido entre nosotros, sino que les hablaremos en justicia al forzarlos a ocuparse [520 b] y cuidar de los demás. Les diremos, en efecto, que es natural que los que han llegado a ser filósofos en otros Estados no participen en los trabajos de éstos, porque se han criado por sí solos, al margen de la voluntad del régimen político respectivo; y aquel que se ha criado solo y sin deber alimento a nadie, en buena justicia no tiene por qué poner celo en compensar su crianza a nadie. “Pero a vosotros os hemos formado tanto para vosotros mismos como para el resto del Estado, para ser conductores y reyes de los enjambres, os hemos educado mejor y más completamente que a los otros, y más [520 c] capaces de participar tanto en la filosofía como en la política. Cada uno a su turno, por consiguiente, debéis descender hacia la morada común de los demás y habituaros a contemplar las tinieblas; pues una vez habituados, veréis mil veces mejor las cosas de allí y conoceréis cada una de las imágenes y de qué son imágenes, ya que vosotros habréis visto antes la verdad en lo que concierne a las cosas bellas, justas y buenas. Y así el Estado habitará en la vigilia para nosotros y para vosotros, no en el sueño, como pasa actualmente en la mayoría de los Estados, donde compiten entre sí como [520 d] entre sombras y disputan en torno al gobierno, como si fuera algo de gran valor. Pero lo cierto es que el Estado en el que menos anhelan gobernar quienes han de hacerlo es forzosamente el mejor y el más alejado de disensiones, y lo contrario cabe decir del que tenga los gobernantes contrarios a esto”.

– Es muy cierto.

– ¿Y piensas que los que hemos formado, al oír esto, se negarán y no estarán dispuestos a compartir los trabajos del Estado, cada uno en su turno quedándose a residir la mayor parte del tiempo unos con otros en el ámbito de lo puro?

– Imposible, pues estamos ordenando a los justos [520 e] cosas justas. Pero además cada uno ha de gobernar por una imposición, al revés de lo que sucede a los que gobiernan ahora en cada Estado.

Solución al problema: Los fundadores del Estado no pueden permitir que los filósofos permanezcan ajenos a la política, habrán de obligarlos a dirigir el Estado pues para eso los ha formado la sociedad. En el Estado cada uno debe cumplir con su función y la función del filósofo es gobernar. Por ello, una vez que ha completado su ascenso y conoce lo que son las cosas bellas, justas y buenas debe descender a la caverna para dirigir a los demás.

12. Gobierno y virtud.

– Así es, amigo mío; si has hallado para los que van a gobernar un modo de vida mejor que el gobernar, [521 a] podrás contar con un Estado bien gobernado; pues sólo en él gobiernan los que son realmente ricos, no en oro, sino en la riqueza que hace la felicidad; una vida virtuosa y sabia. No, en cambio, donde los pordioseros y necesitados de bienes privados marchan sobre los asuntos públicos, convencidos de que allí han de apoderarse del bien; pues cuando el gobierno se convierte en objeto de disputas, semejante guerra doméstica e intestina acaba con ellos y con el resto del Estado.

– No hay cosa más cierta.

– ¿Y sabes acaso de algún otro modo de vida que el de la verdadera filosofía, que [521 b] lleve a despreciar el mando político?

– No, por Zeus.

– Es necesario que no tengan acceso al gobierno los que están enamorados de éste; si no, habrá adversarios que los combatan.

– Sin duda.

– En tal caso, ¿impondrás la vigilancia del Estado a otros que a quienes, además de ser los más inteligentes en lo que concierne al gobierno del Estado, prefieren otros honores y un modo de vida mejor que el del gobernante del Estado?

– No, a ningún otro.

El Estado debe ser gobernado por aquellos que conocen un modo de vida mejor que el que otorgan los bienes materiales, es decir, por los filósofos. Si el Estado cae en manos de aquellos que ansían sólo riquezas y poder no tardarán en llegar las luchas sangrientas por el poder. Una versión cómica de este asunto es la aportada por Woody Allen en su cuento Apología de Sócrates.

13. La educación de los gobernantes-filósofos

– [521 c]¿Quieres que ahora examinemos de qué modo se formarán tales hombres, y cómo se los ascenderá hacia la luz, tal como dicen que algunos han ascendido desde el Hades hasta los dioses?

– ¿Cómo no habría de quererlo?

– Pero esto, me parece, no es como un voleo de concha, sino un volverse del alma desde un día nocturno hasta uno verdadero; o sea, de un camino de ascenso hacia lo que es, camino al que correctamente llamamos ‘filosofía’.

– Efectivamente. Habrá entonces que examinar qué estudios tienen este poder [521 d].

– Claro está […]

El diálogo continúa profundizando en los estudios que deben llevar a cabo los futuros filósofos-gobernantes: gimnasia, música, astronomía, geometría hasta llegar a la dialéctica que implica el verdadero conocimiento, la intuición de las Ideas. Obsérvese como la educación filosófica va ascendiendo desde lo material-corporal hasta lo divino-racional.

Bibliografía

  1. Echegoyen Olleta, J.:Historia de la filosofía. Vocabulario y ejercicios. Madrid: Editorial Edinumen, 1996.
  2. Grube, G. M. A.: El pensamiento de Platón. Madrid: Gredos, 1984.
  3. Jaeger, W. Paideia. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1985.
  4. Paradinas, J.; Cairós, A., Díaz, J. A.: La filosofía griega. La Laguna-Tenerife: Benchomo S.L., 1999.
  5. Platón:
    • Diálogos I. Apología, Critón, Eutifrón, Ión, Lisis, Cármides, Hipias Menor, Hipias Mayor, Laques, Protágoras. Calonge, J. (trad. Apología, Critón, Eutifrón, Hipias Mayor Hipias Menor), LLedó, E. (trad. Ión, Lisis, Cármides), García Gual, C. (trad. Laques, Protágoras) Madrid: Editorial Gredos, 2001
    • Diálogos II. Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo. Calonge, J. (trad. Gorgias), Acosta, E. (trad. Menéxeno), Olivieri F. J. (trad. Eutidemo, Menón), Calvo, J. L. (trad. Crátilo) Madrid: Editorial Gredos, 1983.
    • Diálogos III. Banquete, Fedón y Fedro. Martínez, M. (trad. Banquete), García Gual, C. (trad. Fedón) y LLedó, E. (Fedro) Madrid: Editorial Gredos, 1997.
    • Diálogos IV. República. Eggers Lan, C. (trad.) Madrid: Editorial Gredos, 1986.
    • Diálogos V. Parménides, Teeteto, Sofista, Político. Santa Cruz, Mª I. (trad. Parménides, Político), Vallejo Campos, A. (trad. Teeteto) y Cordero N. L. (trad. Sofista) Madrid: Editorial Gredos, 1988.
    • Diálogos VI. Filebo, Timeo, Critias. Ángeles Durán, Mª (trad. Filebo) Lisi, F.(trad. Timeo, Critias) Madrid: Editorial Gredos, 1992.
    • Las Leyes. Pabón J. M. y Fernández-Galiano, M. (trad.). Madrid: Alianza editorial, 2002.
    • Cartas. Torres Guerra, J. B. Madrid: Ediciones Akal, 1993.
  6. Popper, K. R.: La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1994.
  7. Reale, G.: Por una nueva interpretación de Platón. Barcelona: Herder, 2003
  8. Ross, D.: Teoría de las ideas de Platón. Madrid: Cátedra, 1986
  9. Tejedor Campomanes, C.: Historia de la filosofía, 2 Bachillerato. Madrid: Ediciones SM, 2001
  10. José Luis Molinuevo: pensamiento en imágenes

Post tomado del blog del Profesor Eugenio Sánchez Bravo “Aula de Filosofía”

“El Banquete” Platón

—«Figúraseme, que hasta ahora los hombres han ignorado enteramente el poder del Amor; porque si lo conociesen, le levantarían templos y altares magníficos, y le ofrecerían suntuosos sacrificios, y nada de esto se hace, aunque sería muy conveniente; porque entre todos los dioses él es el que derrama más beneficios sobre los hombres, como que es su protector y su médico, y los cura, de los males que impiden al género humano llegar a la cumbre de la felicidad. Voy a intentar daros a conocer el poder del Amor, y queda a vuestro cargo enseñar a los demás lo que aprendáis de mí. Pero es preciso comenzar por decir cuál es la naturaleza del hombre, y las modificaciones que ha sufrido.

Plato

El Banquete (The Symposium)

»En otro tiempo la naturaleza humana era muy diferente de lo que es hoy. Primero había tres clases de hombres: los dos sexos que hoy existen, y uno tercero compuesto de estos dos, el cual ha desaparecido conservándose sólo el nombre. Este animal formaba una especie particular, y se llamaba andrógino, porque reunía el sexo masculino y el femenino; pero ya no existe y su nombre está en descrédito. En segundo lugar, todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías, unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción. Marchaban rectos como nosotros, y sin tener necesidad de volverse para tomar el camino que querían. Cuando deseaban caminar ligeros, se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros, y avanzaban con rapidez mediante un movimiento circular, como los que hacen la rueda con los pies al aire. La diferencia, que se encuentra entre estas tres especies de hombres, nace de la que hay entre sus principios. El sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y del sol. De estos principios recibieron su forma y su manera de moverse, que es esférica. Los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo, y combatir con los dioses, como dice Homero de Efialtes y de Oto. Júpiter examinó con los dioses el partido que debía tomarse. El negocio no carecía de dificultad; los dioses no querían anonadar a los hombres,  como en otro tiempo a los gigantes, fulminando contra ellos sus rayos, porque entonces desaparecerían el culto y los sacrificios que los hombres les ofrecían; pero, por otra parte, no podían sufrir semejante insolencia. En fin, después de largas reflexiones, Júpiter se expresó en estos términos: Creo haber encontrado un medio de conservar los hombres y hacerlos más circunspectos, y consiste en disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos; así se harán débiles y tendremos otra ventaja, que será la de aumentar el número de los que nos sirvan; marcharán rectos sosteniéndose en dos piernas sólo, y si después de este castigo conservan su impía audacia y no quieren permanecer en reposo, los dividiré de nuevo, y se verán precisados a marchar sobre un solo pié, como los que bailan sobre odres en la fiesta de Caco.

Plato

El Banquete (The Symposium)

»Después de esta declaración, el dios hizo la separación que acababa de resolver, y la hizo lo mismo que cuando se cortan huevos para salarlos, o como cuando con un cabello se los divide en dos partes iguales. En seguida mandó a Apolo que curase las heridas y colocase el semblante y la mitad del cuello del lado donde se había hecho la separación, a fin de que la vista de este castigo los hiciese más modestos. Apolo puso el semblante del lado indicado, y reuniendo los cortes de la piel sobre lo que hoy se llama vientre, los cosió a manera de una bolsa que se cierra, no dejando más que una abertura en el centro, que se llama ombligo. En cuanto a los otros pliegues, que eran numerosos, los pulió, y arregló el pecho con un instrumento semejante a aquel de que se sirven los zapateros para suavizar la piel de los zapatos sobre la horma, y sólo dejó algunos pliegues sobre el vientre y el ombligo, como en recuerdo del antiguo castigo. Hecha esta división, cada mitad hacia esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con un ardor tal, que abrazadas perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra. Cuando la una de las dos mitades perecía, la que sobrevivía buscaba otra, a la que se unía de nuevo, ya fuese la mitad de una mujer entera, lo que ahora llamamos una mujer, ya fuese una mitad de hombre; y de esta manera la raza iba extinguiéndose. Júpiter, movido a compasión, imagina otro expediente: pone delante los órganos de la generación, por que antes estaban detrás, y se concebía y se derramaba el semen, no el uno en el otro, sino en tierra como las cigarras. Júpiter puso los órganos en la parte anterior y de esta manera la concepción se hace mediante la unión del varón y la hembra. Entonces, si se verificaba la unión del hombre y la mujer, el fruto de la misma eran los hijos; y si el varón se unía al varón, la saciedad los separaba bien pronto y los restituía a sus trabajos y demás cuidados de la vida. De aquí procede el amor que tenemos naturalmente los unos a los otros; el nos recuerda nuestra naturaleza primitiva y hace esfuerzos para reunir las dos mitades y para restablecernos en nuestra antigua perfección. Cada uno de nosotros no es más que una mitad de hombre, que ha sido separada de su todo, como se divide una hoja en dos. Estas mitades buscan siempre sus mitades. Los hombres que provienen de la separación de estos seres compuestos, que se llaman andróginos, aman las mujeres; y la mayor parte de los adúlteros pertenecen a esta especie, así como también las mujeres que aman a los hombres y violan las leyes del himeneo. Pero a las mujeres, que provienen de la separación de las mujeres primitivas, no llaman la atención los hombres y se inclinan más a las mujeres; a esta especie pertenecen las tribactes. Del mismo modo los hombres, que provienen de la separación de los hombres primitivos, buscan el sexo masculino. Mientras son jóvenes aman a los hombres; se complacen en dormir con ellos y estar en sus brazos; son los primeros entre los adolescentes y los adultos, como que son de una naturaleza mucho más varonil. Sin razón se les echa en cara que viven sin pudor, porque no es la falta de este lo que les hace obrar así, sino que dotados de alma fuerte, valor varonil y carácter viril, buscan sus semejantes; y lo prueba que con el tiempo son más aptos que los demás para servir al Estado. Hechos hombres a su vez aman los jóvenes, y si se casan y tienen familia, no es porque la naturaleza los incline a ello, sino porque la ley los obliga. Lo que prefieren es pasar la vida los unos con los otros en el celibato. El único objeto de los hombres de este carácter, amen o sean amados, es reunirse a quienes se les asemeja. Cuando el que ama a los jóvenes o a cualquier otro llega a encontrar su mitad, la simpatía, la amistad, el amor los une de una manera tan maravillosa, que no quieren en ningún concepto separarse ni por un momento. Estos mismos hombres, que pasan toda la vida juntos, no pueden decir lo que quieren el uno del otro, porque si encuentran tanto gusto en vivir de esta suerte, no es de creer que sea la causa de esto el placer de los sentidos. Evidentemente su alma desea otra cosa, que ella no puede expresar, pero que adivina y da a entender. Y si cuando están el uno en brazos del otro, Vulcano se apareciese con los instrumentos de su arte, y les dijese: ‘¡Oh hombres!, ¿qué es lo que os exigís recíprocamente?’, y si viéndoles perplejos, continuase interpelándoles de esta manera: ‘lo que queréis, ¿no es estar de tal manera unidos, que ni de día ni de noche estéis el uno sin el otro? Si es esto lo que deseáis, voy a fundiros y mezclaros de tal manera, que no seréis ya dos personas, sino una sola; y que mientras viváis, viváis una vida común como una sola persona, y que cuando hayáis muerto, en la muerte misma os reunáis de manera que no seáis dos personas sino una sola. Ved ahora si es esto lo que deseáis, y si esto os puede hacer completamente felices. Es bien seguro, que si Vulcano les dirigiera este discurso, ninguno de ellos negaría, ni respondería, que deseaba otra cosa, persuadido de que el dios acababa de expresar lo que en todos los momentos estaba en el fondo de su alma; esto es, el deseo de estar unido y confundido con el objeto amado, hasta no formar más que un solo ser con él. La causa de esto es que nuestra naturaleza primitiva era una, y que éramos un todo completo, y se da el nombre de amor al deseo y prosecución de este antiguo estado. Primitivamente, como he dicho, nosotros éramos uno; pero después en castigo de nuestra iniquidad nos separó Júpiter, como los arcadios lo fueron por los lacedemonios. Debemos procurar no cometer ninguna falta contra los dioses, por temor de exponernos a una segunda división, y no ser como las figuras presentadas de perfil en los bajorrelieves, que no tienen más que medio semblante, o como los dados cortados en dos. Es preciso que todos nos exhortemos mutuamente a honrar a los dioses, para evitar un nuevo castigo, y volver a nuestra unidad primitiva bajo los auspicios y la dirección del Amor. Que nadie se ponga en guerra con el Amor, porque ponerse en guerra con él es atraerse el odio de los dioses. Tratemos, pues, de merecer la benevolencia y el favor de este dios, y nos proporcionará la otra mitad de nosotros mismos, felicidad que alcanzan muy pocos. Que Eriximaco no critique estas últimas palabras, como si hicieran alusión a Pausanias y a Agaton, porque quizá estos son de este pequeño número, y pertenecen ambos a la naturaleza masculina. Sea lo que quiera, estoy seguro de que todos seremos  dichosos, hombres y mujeres, si, gracias al Amor, encontramos cada uno nuestra mitad, y si volvemos a la unidad de nuestra naturaleza primitiva. Ahora bien, si este antiguo estado era el mejor, necesariamente tiene que ser también mejor el que más se le aproxime en este mundo, que es el de poseer a la persona que se ama según se desea. Si debemos alabar al dios que nos procura esta felicidad, alabemos al Amor, que no sólo nos sirve mucho en esta vida, procurándonos lo que nos conviene, sino también porque nos da poderosos motivos para esperar, que si cumplimos fielmente con los deberes para con los dioses, nos restituirá él a nuestra primera naturaleza después de esta vida, curará nuestras debilidades y nos dará la felicidad en toda su pureza. He aquí, Eriximaco, mi discurso sobre el Amor. Difiere del tuyo, pero te conjuro a que no te burles, para que podamos oír los de los otros dos, porque aún no han hablado Agaton y Sócrates.»

Plato

El Banquete (The Symposium)

El Amanecer del Hombre

Con el inicio de los años ‘60, Rusia y Estados Unidos comenzaron a enviar hombres al espacio exterior. Empezaba la era espacial, la Unión Soviética se mantenía soberana, y el entonces presidente John F. Kennedy pretendía alcanzar lo que parecía imposible: explorar el universo.

En 1963, luego de “Spartacus”, “Lolita” y “Dr. Strangelove”, Stanley Kubrick había alcanzado un alto nivel de reputación, este, le otorgaría la independencia creativa que más tarde caracterizaría 2001: Odisea en el Espacio. Durante los años posteriores, el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke propondría a Kubrick la realización de una película a través del cual se buscaría predecir el futuro de la era espacial, “el espacio es lo bastante grande para que todos tengan un mundo entero” (Clarke, 2001).

Así pues, esta idea se convirtió en el primer y principal fundamento teórico de 2001: ¿Qué pasaría sí el hombre, tras pretender estar solo en el universo, se encontrase con formas de vida más evolucionadas, o con el rastro de ellas? Hecho que explica James Cameron en el documental para televisión 2001: A Space Odyssey, the making of a myth: “2001 nos recuerda que la idea detrás del espectáculo es aún el efecto especial más importante de todos”.

Clarke y Kubrick tomaron un relato corto llamado “El Centinela”, cómo soporte para escribir el guión de 2001: Odisea en el Espacio. El centinela narra la historia de un grupo de científicos que tras arribar a la Luna, se encuentran con un monolito de forma piramidal (que según Clarke, podría entenderse como una máquina de aprendizaje), rodeado por un campo de fuerza esférico, que una civilización alienígena había dejado eones atrás.

Otro hecho a destacar es que el alunizaje del Apolo 11 sucedió el 21 de junio de 1969, y fue visto a nivel mundial. Este representó un gran logro tecnológico. Las fotografías capturadas en la misión fueron a blanco y negro, mas se transmitieron alrededor del planeta. Cabe resaltar que “2001: Odisea en el Espacio” fue llevada a las salas de cine el año anterior, en 1968.

Actualmente, 2001: Odisea en el Espacio no sólo marcó un antes y un después en la historia del cine, mas se convirtió en un retrato tanto darwiniano como nietzscheano de la historia del hombre:

Cuando se dijo por primera vez que el sol permanecía fijo y que el mundo giraba, el sentido común de la humanidad declaró la doctrina falsa; pero el viejo dicho Vox populi, vox Dei, como todo filósofo sabe, no puede ser confiado a la ciencia. (Darwin, 2005. cap. 4)

A partir de entonces, los cineastas alrededor del mundo comenzaron a ver en la “ciencia ficción” un tema para “explotar” a nivel cinematográfico. No obstante, desde el origen del “cine mudo”, el cineasta francés Georges Méliès (1861-1938) conoció a los hermanos Lumiére (creadores del cinematógrafo) en 1895, y con su ayuda, durante el año 1902, crea una secuencia de una nave espacial que aterriza en la luna, la cual posteriormente se convirtió en la primera película de ciencia ficción y se tituló “Le Voyage dans la Lune” o “Viaje a la Luna”. Méliès realizó dicha secuencia inspirado en la famosa novela de Julio Verne (1928-2905) “Viaje a la Luna”, publicada en el año 1865.

Stanley Kubrick manejaba excelentemente los recursos de la semiótica y la esteganografía, la cual según Álvaro Navarro es “el arte de cifrar, o en caracteres, que no son inteligibles excepto a personas que tienen la clave” (2005); y es quizás 2001: Odisea en el Espacio el film de Kubrick que cuenta con más recursos semióticos ya que el discurso filosófico abarca enteramente el significado de la película.

En 2001, Kubrick usó la banda sonora como motor intelectual del film. El Adagio de “Así habló Zaratustra”, pieza originalmente compuesta por Strauss, se convirtió en un “himno” para los entusiastas de la ciencia ficción y principal identificativo sonoro de la cinta, aún cuando sólo se usó ese fragmento de la composición.

Además, la introducción de HAL 9000 como personaje principal y el desarrollo de la inteligencia artificial durante el progreso del guión cinematográfico desde un punto de vista asimoviano es pilar esencial de “2001”, puesto que con el avance de la historia HAL desarrolla un conflicto bioético en el que se debaten las tres leyes de la robótica según Isaac Asimov (1920-1992):

  1. Un robot no puede dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o segunda ley.

No obstante, dos de las interrogantes que se plantean en “Misión a Júpiter” son: ¿Hasta qué punto es la tecnología una herramienta del hombre? y ¿En qué punto podría el ser humano deshumanizarse (automatizarse) y la tecnología humanizarse?

Lo que Kubrick y Clarke querían lograr con 2001: Odisea en el Espacio era que el espectador se adentrara en el film, “queríamos crear una experiencia (…) un día sabremos la verdad sobre este increíble y maravilloso universo. Y quizás entendamos nuestro lugar en él” (Clarke, 2001).

La idea última de “2001” es la inmortalidad en contraparte de la muerte, como destino final de todos los seres, argumento que se desarrolla a través de una serie de elementos visuales durante “Júpiter y más allá del infinito”, que se complementan para unirse en el clímax de la película, la experiencia cinematográfica en su más alto punto, el nacimiento de la utopía de Nietzsche: el übermensch (superhombre).

Por otro lado, “El amanecer del hombre” o “The dawn of man”, por su nombre en inglés, es la primera de las siete referencias al nacimiento que se realizan a lo largo de la película: el nacimiento del planeta tierra, el del hombre propiamente dicho, el de la tecnología (inicialmente simbolizada por la herramienta prehistórica), el de la hija del astronauta Floyd, el del astronauta Frank (los padres le cantan el “feliz cumpleaños”), el del computador HAL aludiendo a su “nacimiento” y por último el nacimiento del “Niño Estrella” al finalizar el film.

El film inicia con dos minutos y medio de desconcierto, al compás de la pieza “Atmósferas”, del compositor húngaro György Ligeti. Es un momento vibrante y misterioso en el universo, la gestación del planeta tierra en el vientre del infinito.

Tras la tensa espera, la pantalla se abre poco a poco. En esta ocasión escuchamos los acordes de “Así Habló Zaratustra”, de Johann Strauss. Vemos en primer plano a la Luna, a continuación la Tierra (en media luna) y al final, el Sol finalizando el conjunto en perfecta alineación con los otros dos astros.

Kubrick pretendía descartar toda versión teológica del génesis con esta secuencia, cosa que también respaldaba Charles Darwin: “las especies se producen y se extinguen por causas que obran lentamente y que aún existen, y no por actos milagrosos de creación.” (2005:472).

A lo largo de esta escena también podemos observar la silueta del monolito, que pasará a ser el elemento semiótico de más relevancia en el film. Según Clarke, el monolito actúa como una máquina de enseñanzas o “máquina que enseña” (“a teaching machine”). Cuando, varios minutos después de la primera aparición, los primates interactúan con el monolito y estos comienzan a aprender cosas útiles para su desempeño, digamos, desde el punto científico, su inteligencia comienza a evolucionar. Sin embargo, Rob Ager, plantea la imagen del monolito como una pantalla a través de la cual los espectadores interactúan con el film.

Según su análisis, Kubrick quería que se entablase una relación entre el film y la audiencia, logrando que, en esta primera parte, el público transmita su conocimiento a los primates y que vea a través del mismo, cosa que se evidencia cuando, durante la primera escena, el monolito se antepone sobre los espectadores creando la ilusión de ser una pantalla. De hecho, el monolito tiene, aproximadamente, las mismas medidas que una pantalla Cinerama, las cuales eran características de la época en que salió el film (década de los ’60).

La cinta evidencia la figura del hombre sometida por su propia especie y posteriormente por la maquinas que, irónicamente, han sido creadas por éste; la relación simbiótica que existe entre el líder y las masas, e incluso, entre el hombre y la tecnología, hechos que poseen un carácter de alto nivel predictivo para la época. “El perfeccionamiento de un organismo ocasiona el mejoramiento o el exterminio de otros” (Darwin, 2005:472).

Este primer segmento de “2001” revela que la humanidad estará sujeta a dos grandes ideas: la figura de poder (el líder) quién es poderosa debido a que posee una gran capacidad de adaptación o un grado de inteligencia más alto y la figura del pueblo o comunidad que copia las acciones del líder (y sigue sus instrucciones), en número mayor, es decir, el poder venido de un individuo igual, que busca la superioridad y la esclavitud (simbolizado a través del líder de los primates y del monolito), más la demostración del canon científico formulado por Charles Darwin: “a este principio de conservación o supervivencia lo he llamado selección natural” (2005:156).

Posteriormente, cuando Bowman se acerca al monolito y comienza la secuencia “stargate”, este se vuelve uno con la pantalla de cine, el espectador ve a través de él. A partir de entonces podemos entender al monolito no sólo como una pantalla, también como un portal.

Stanley Kubrick pretendía que el espectador que ahora está presente dentro de la película, evolucionara junto con el mundo dentro de esta. “El hombre tiene que mejorar y que empeorar» – esto es lo que yo enseño. Lo peor es necesario para lo mejor del superhombre.” (Nietzsche).

El afianzamiento de esta teoría podría admitir que el objetivo último de Stanley Kubrick, con la realización de “2001: Odisea en el Espacio”, es que el espectador sea “testigo” del pasado y el futuro de la sociedad que hoy vive el presente. Cabe resaltar que en el libro escrito por Clarke, a diferencia del film, no había un monolito frente a la cama donde yacía Dave, sino una pantalla de televisión. Más, durante la primera aparición del monolito, este reproducía imágenes. Cosa que fortalece la simbiosis monolito-pantalla de cine.

La película finaliza con el nacimiento del “Starchild” (niño estrella), el cual es una metáfora alusiva al übermensch de Nietzsche. Durante pocos minutos, se detiene el tiempo del film para dar paso a una nueva incógnita: qué sucede después. Una interpretación es que esta escena es una anamnesis para el espectador: el hombre capaz de “recordar” la verdadera esencia del alma y del cosmos que según Phillip K. Dick es una ampliación de esta. La abstracción del tiempo permite que se considere libremente la posibilidad de que el “superhombre”, enmarcado en el contexto del film, se manifieste a través de la reminiscencia platónica.

Otra posible interpretación es considerar que el nacimiento del superhombre amerita la concepción de un nuevo universo (“Big Bang”), por tanto, como se observa en la película, Dave Bowman reencarna para pasar a ser parte de una realidad que finalmente ha abandonado su condición onírica.  “Creo en la vida eterna en este mundo, hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad.”  (Dostoievski)

La última inocencia

Conversábamos aquella vez que, a pesar de lo que dicen por ahí, muy poco se sabe de Alejandra. El diálogo consigo misma (en tercera persona, siempre), la presencia de dos almas – ambas ausentes -, el surrealismo de una adultez temprana, la inocencia inherente… Alejandra Pizarnik, además de ser poeta, además de ser musa, era niña.

“La luz es demasiado grande
para mi infancia.
Pero ¿quién me dará la respuesta jamás usada?
Alguna palabra que me ampare del viento,
alguna verdad pequeña en que sentarme
y desde la cual vivirme,
alguna frase solamente mía
que yo abrace cada noche,
en la que me reconozca, en la que me exista.

pero no. Mi infancia
sólo comprende al viento feroz
que me aventó al frío
cuando campanas muertas
me anunciaron.

Sólo una melodía vieja,
algo con niños de oro, con alas de piel verde,
caliente, sabio como el mar,
que tirita desde mi sangre,
que renueva mi cansancio de otras edades.

Quizás fuere el rechazo a la madurez que surcaba su cuerpo, a las agujas del reloj que no cesan, lo que la hacía temer antes que vivir. En sus poemarios “La última inocencia” (1956) y “Las aventuras perdidas” (1958) podemos percibir la levedad de un conflicto edípico, Y con el pasar de las páginas, leemos a una Alejandra que, verso a verso, se ausenta, como quién sufre el complejo de “Benjamin Button” por llamarlo así. Además, una Alejandra que se enamora de la muerte, o de la imagen de ella.

“Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Còmo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo “

Quizás qué será morir gestando en el vientre de la muerte. Qué será enfrentarse al mundo con la torpeza de un crío. Alejandra solía hacer énfasis en las siguientes palabras: infancia, inocencia, infantil, muerte, sangre, viento, mar. Y escrito en sus propias letras “por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”.

“Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos.”

En 1971, un año antes de su muerte, Julio Cortázar, de quien era gran amiga, le escribió una carta donde le decía:

“Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria.”

Pitágoras

Es Alrededor del año 530 a.C, que Pitágoras de Samos emigra a Crotona, Magna Grecia, al sur de lo que hoy esa Italia. Ahí funda una especie de monasterio-escuela.
Pitágoras viaja a muchos lugares, entre ellos Egipto, esto influyó en la adquisición de conocimientos de geometría y astronomía que más tarde enseñaría a sus discípulos. Aunque, la orden pitagórica dura más o menos un siglo después de la muerte de Pitágoras por lo que es posible que los mismos discípulos hayan aportado algunos de estos conocimientos.
Los pitagóricos buscaba un enriquecimiento intelectual de sus miembros. Tenía varios grados en los cuales cada miembro, tenia que sujetarse a un régimen muy estricto, un rígido código de conducta en varios niveles de iniciación.En un primer nivel, los acusticoi “oyentes”, tenían que permanecer en silencio durante un lapso de tres años, y solo les era permitido oír al maestro. El segundo nivel era el de los iniciados. Y solo años más tarde se les permitiría ver a Pitágoras directamente; culminando finalmente en el nivel de los pitagóricos, quienes poseían ya conocimientos secretos que no debían ser comunicados a los legos.
La orden pitagórica es perseguida por motivos políticos, y son dispersados de Crotona, por lo cual se establecen en varias partes de Grecia, profesando sus conocimientos. Hacia el año 500 a. C, Pitágoras se vio obligado a huir a Tarento y después a Metaponto, donde fue asesinado.
La armonía pitagórica
Es el concepto armonía, extraído de investigaciones matemático-musicales, lo que va a ser el fundamento de la doctrina pitagórica.

Al descubrir y expresar aritméticamente los intervalos de la escala musical, como las razones entre los números 1,2,3 y 4, descubren que existe un orden inherente y una organización numérica en la naturaleza del sonido.

Al pulsar una cuerda, al ponerla en movimiento produce una vibración, esta vibración tiene un tono determinado, sea el tono que sea. La octava alta de esta vibración se producirá al pulsar la cuerda a la mitad 2:1, el intervalo de cuarta será una relación 4:3 (es decir de cuatro partes de una cuerda, tres están vibrando), y la quinta 3:2.
Poner número al sonido, lo limitando y por lo mismo lo hace inteligible; el ruido no es ya un continuo desordenado, sino que esta confinado dentro de un orden, de un cosmos, por la imposición del limite o medida.Cabe entonces decir que este descubrimiento del número en la música, los pitagóricos lo aplicaron a toda la naturaleza por lo cual su cosmología va a tener la característica de otorgarle orden, proporción y medida a todas las cosas del universo, es decir, cada cosa particular es lo que es por la proporción en que se combinan sus elementos con todas las cosas de la naturaleza y todas las cosas tienen estos mismos elementos.
El orden, la proporción y la medida son las partes fundamentales que componen la armonía. Si todos los cuerpos tienen estos elementos, (números), todas las cosas están en armonía, de ahí surge pues la celebre concepción pitagórica de la “armonía de las esferas”, en la cual existen infinidad de cuerpos celestes moviéndose en armonía, y pueden ser representados por números.
Los elementos del número son lo par y lo impar. El primero es ilimitado y el segundo limitado (lo limitado es inteligible) El número procede del Uno. La unidad es a la vez par e impar. “El cielo todo, es números”.
La unidad es el punto, el dos es la línea, el tres la superficie, el cuatro el volumen. Todo es números significa que todos los cuerpos constan de puntos o unidades en el espacio, los cuales, cuando se los toma en conjunto, constituyen un número.
La clave de la doctrina pitagorica, reside en la tetraktys, que es el número perfecto, y una figura que tenían por sagrada.
Los números 1,2,3, y 4 sumados dan 10. Es posible que la tetratkis jugase también un papel en los distintos grados de la metamorfosis del alma.
Entre las ideas de la doctrina pitagórica están las siguientes:
“Los números permiten acceder a las puertas del universo, allí se esta mucho más cerca de los dioses”.
“Dios une al mundo por la justicia. No piensa ni tiene forma humana. Su cuerpo es como una esfera, en la cual los astros se mueven”.
“Aprendan astronomía antes que música. El cielo planetario es mucho más armonioso”.
“La armonía es el alma del universo”.
“El silencio es la primera piedra del templo de la filosofía”.
“La filosofía es la pasión por la verdad, que da a las palabras del sabio el poder de la lira de Orfeo”.
Fuente: Tetratkis.blogspot.